EDITORIAL: Edición Julio del 2007
¡Viva Guayaquil!
ciudad de muchos...

Es buena la campaña publicitaria en televisión emprendida por la Muy Ilustre Municipalidad de Guayaquil, por supuesto, esperando que la misma contribuya a que todos los ecuatorianos y no solo los guayaquileños lleguen a amar y respetar a la Ciudad y dejemos de verla como solo una oportunidad para conseguir esos anhelados ingresos que de manera formal o informal nos permitan sobrevivir.

Escuchamos nombres de ciudadanos guayaquileños connotados, que solamente se quedan en eso, "nombres" que actualmente no sabemos cómo están contribuyendo a la ciudad o dónde están sus hijos y familiares cercanos. ¿Quién nos podrá contestar si por la sangre de sus descendientes corre el orgullo y el amor que sentían sus ancestros por esta Ciudad?, muchos de ellos reclamando derechos ecuatorianos desde fuera del País habiendo tomado la decisión de invertir sus dineros en tierras lejanas, en lugar de enfrentar nuestra realidad económica. Y cuidado se preste a confusión y crean que estamos dirigiéndonos a los pobres ecuatorianos que al no encontrar alternativas de trabajo en el Ecuador han tenido que dejar sus hogares para buscar futuro en otras tierras, nos referimos a aquellos acaudalados personajes que prefieren mil veces derrochar y paradójicamente invertir dinero en otros países, en lugar de hacerlo en el nuestro para tratar de mover la decadente economía en que vivimos.

Vemos cada día más que en Guayaquil se asientan muchas personas venidas de las ciudades cercanas e incluso otros continentes y que llegan a escalar posiciones económicas muy altas, que lamentablemente muchos de los nacidos en nuestra ciudad ni siquiera ansían alcanzar. ¿Qué será lo perdido en estas épocas?, ¿Por qué muchos no tenemos la madera de guerrero del guayaquileño de los años 1900?.

Aplaudimos los logros de extranjeros en nuestra ciudad, y así mismo reclamamos que la respeten y cuiden, haciendo un llamado a los políticos y ciudadanos para que todos juntos puedan progresar en bien del País.

Lo que nos queda es promover el fervor cívico en los niños, y jóvenes que les permita valorar cada obra que se realice en Guayaquil, aunque de momento y pareciera que por siempre, estemos endeudados para cubrir los valores del progreso y coimas de este proceso.

Creo que puede llegar el momento en que estas obras no sean cubiertas por nosotros los habitantes de Guayaquil, sino que sean pagadas con los impuestos y tasas dejadas por los inversionistas "golondrinas" extranjeros.

A Guayaquil se le debe valorar por todo lo que representa tanto a nivel económico, social o político, se la debe amar y respetar como a nuestros familiares, más aún si en ella vivimos, trabajamos, y de donde hemos obtenido muchas satisfacciones.

Esperamos que pronto Guayaquil y sus Instituciones Públicas sean administradas y dirigidas, no por recomendados mediocres, parásitos de la sociedad, sino por profesionales honestos que pongan en práctica todos los conocimientos adquiridos, que permitan llevar a Guayaquil adelante. ¡VIVA GUAYAQUIL!.


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